Contribuí a la lectura con dos de los últimos poemas que he escrito y que consideré grandes referentes del espíritu que dirige mi obra. Disfruto recitando y escuchando a otros recitar, y creo que nunca me cansaré de reclamar el necesario acto de darle vida y forma a la poesía mediante la oralidad. Hay muchos poemas que he leído y que han conseguido erizarme la piel, y sin embargo considero que no hay nada mejor que ver cómo se desnvuelven en directo, cómo cada verso adquiere otros matices en la respiración de otra persona.
El de los recitales es un ritual que oscila entre la morbosidad del voyeurismo y la divinidad de la epifanía: un acontecimiento verdaderamente íntimo y mágico en el que se nos permite entrar en un mundo ajeno y explorable.
(Que no nos lo quiten...)
En esta ocasión, el fotógrafo David Steam documentó el recital con sus fotografías...Ya tengo curiosidad por verlas.
La Nueva España publicó este artículo sobre el citado acto, en el que salen recogidos los nombres de todos los autores que participamos. Aunque en las redes sociales se me conoce como Victoria Bardot, en la noticia consta mi nombre real, que es el que utilizo offline. Esto me hace recordad la ocasión en la que se publicó una foto mía recitando y en el pie de página se me identificó como Verónica Sánchez...una errata fatal, un heterónimo en absoluto deseado.
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| Gloria relativa. Verónica leyendo sus poemas. |

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